sábado, 4 de diciembre de 2010

Miedo. De ti. Quererte
es el más alto riesgo.
Múltiples, tú y tu vida.
Te tengo, a la de hoy
ya la conozco, entro
por laberintos, fáciles
gracias a ti, a tu mano.
Y míos, ahora, sí.
Pero tú eres
tu propio más allá,
como la luz y el mundo:
días, noches, estíos,
inviernos sucediéndose.
Fatalmente, te mudas
sin dejar de ser tú,
en tu propia mudanza,
con la fidelidad
constante del cambiar.

Di: ¿podré yo vivir
en esos otros climas,
o futuros, o luces
que estás elaborando,
como su zumo el fruto,
para mañana tuyo?
¿O seré sólo algo
que nació para un día
tuyo (mi día eterno),
para una primavera
(en mí florida siempre),
sin poder vivir ya
cuando lleguen
sucesivas en ti,
inevitablemente,
las fuerzas y los vientos
nuevos, las otras lumbres,
que esperan ya el momento
de ser, en ti, tu vida?

-Pedro Salinas-
Tú vives siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.



De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.



Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.



Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.



Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
-la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.

-Pedro Salinas-

miércoles, 24 de noviembre de 2010

"Una vez me contaron un chiste, un hombre va al médico y le dice que se siente solo en un mundo amenazador. El médico le responde "el tratamiento es muy sencillo, se encuentra en la ciudad el gran payaso pariachi, vaya a verle". El hombre, angustiado le mira y le dice "pero doctor, yo soy pariachi". Es un buen chiste. Se oyen aplausos. Y cae el telón." (Watchmen)

martes, 27 de julio de 2010

Contemplamos los astros en los cielos, uno único que nos cobija, y, entre ellos, la luz última de aquellos que ya explotaron. Nuestros ojos se engañan con los restos de su existencia. Vemos la memoria de las estrellas.
La beso, a ella la beso, y no soy hipócrita. La beso como podría morderla, y a veces la muerdo, o comérmela y masticarla y digerirla. Porque hay una desesperada necesidad, casi diría una obligación, de marcar al otro, a la otra, aunque sea con los dientes, y aunque alguno de éstos sea postizo. Dejar una marca propia es cosa de vida o muerte, o de muerte solamente, porque la intención subterránea es traspasar la muerte, es seguir existiendo después del fin. Y a esos efectos tanto sirve la existencia de un hijo como la de una cicatriz. Después de todo, también el hijo es una cicatriz. Buena definición para proponer a la Academia, Hijo: cicatriz del amor.

-Mario Benedetti. Gracias por el fuego.-

lunes, 21 de junio de 2010

Había un confitero. Era mi amigo.
Ese amigo mayor de que presumes.
¿Qué vas a ser, cura o torero?,
me preguntaba. Yo suponía que tendría un pastel
si decía torero. Entrecortado y mudo,
dudaba siempre entre la teja y la montera.
Y no elegía nada.

Y es que de niño sueles fijarte en esas cosas, por solemnes.
Nunca miras al suelo
aunque lo tengas a tu alcance a todas horas,
ni reconocer tus zapatos.
Y así una noche, vi un gorro de soldado
azul y de cartón
y aquella noche azul
todo era de cartón menos el gorro
que no pude tener.
No volví a ver al confitero.
Se me murió esa noche azul,
entre cartones de preguntas y sueños derrotados.
Y al levantarme gris me percaté
de que no usaba zapatos sino botas.

-Javier Gúrpide-.
También montarse en un expreso
es una forma de huir
romper fronteras
seguro, entre carriles,
abandonar cosechas,
dejar un testamento de cenizas al rocío.
Y es madrugar la ausencia y, en la boca,
ese sabor a ayuno de estudiante.
También, volver de día a los abrazos
y, en el crepúsculo,
a las canas de tanto amor-correo,
a las arrugas que esculpe la añoranza.
O regresar nocturnamente,
años después, con sólo una maleta
de vacíos.

-Javier Gúrpide-.
Que hay praderas de arcilla,
ríos turbios. Un poco más allá.
Donde se enfría la distancia.
Brechas de plomo en las ventanas
velando los paisajes.
Y hay esa longitud del viento
que me entrega recuerdos y deshaucios
tan de lejos...
Tan largos, que me escuecen.
Que así me han hecho, quebradizo.
Una pasión de vidrio a borbotones
contenida
entre emplomados y fisuras.

-Javier Gúrpide-.

Sin dueño. Poema de Javier Gúrpide.

Mientras, a nuestra espalda, inadvertidas,
las madres de la guerra se llenaban de silencios.
Con la mirada fija que pintaron el hambre y los adioses.
Hoy no sabría calcular el frío de las horas que
entonces no sentíamos.
Las madres arrojaron en las playas
redes, remos y quillas.
Y en el campo sin surcos, los arados.
Los niños preguntaban a las madres
por qué sólo las armas tienen dueño.

Un despego de labios sin sonidos selló sus bocas.
Y las puertas de sus vientres-pobre VIDA-.
Yo no podría ahora mojar tanta aridez
ni ellas pudieron llorarla en sus adentros.

lunes, 1 de febrero de 2010

Hemos conquistado el cielo,
pero las estrellas se nos siguen escapando,
lejanas y ajenas cada noche nos recuerdan
que vale la pena volar por ellas.
Aunque sepamos que jamás
hallaremos su pureza extinta, su luz,
que siempre alumbrarán, sin sentimiento,
que son como ilusiones incandescentes
de quien persigue el horizonte sin sosiego.
De quien vive el sueño y lo eleva a su máximo exponente,
y el sueño sobrepasa al soñador en el filo de la vida.
De quien cabalga el ocaso y sabe
que en esta era lo hemos camuflado en las ciudades.
Que apenas nadie se detiene ya
a contemplarlo ensombrecido, degradado,
porque ya lo sencillo y los detalles apenas se aprecian.
Porque hay que fugarse a dónde el atardecer se nos muestra
efímero y esplendoroso, con su fulgor puro,
para guardar ese momento por decenios.
Aquel que vale la pena por mil intentos previos,
por distancias incalculables.