domingo, 30 de octubre de 2016

Me hacen sentir verguenza mis compatriotas, siento odio hacia los hombres que no aman ni respetan a las mujeres y rabia contra contra el sistema patriarcal. El odio es un sentimiento lícito como cualquier otro, un arrebato puro, sin aditivos y sin censura, lo único que importa es cómo lo dejamos fluir y lo que creamos con él, qué hacemos con él, si dejamos que nos gobierne o si nos damos cuenta que no es más que la otra cara de la moneda con la que apostamos, la otra cara frente al saber de lo que somos capaces cuando nos sobreponemos, cuando aprendemos a cuestionar y a querer decidir la mejor respuesta.
De verdad creo que lo único importante en la vida es caminar, incluso seguir ese intinto propio y único, mirar hacia mi misma. Y detenerme a veces, de forma voluntaria o la fuerza sin alternativa, para repostar el sentir, para mediar en el ser, para comprender la elección. Las relaciones enseñan a mirarnos al espejo. Se lo que es una relación en la que ambos se refugian, el uno en el otro, para lamerle al amante las heridas del pasado, mientras se dejan consumir. Se lo que es una relación que te permite aprender y te obliga a escucharte. Se lo que es transformarse a uno mismo y verse en la distancia en las múltiples formas, individualmente únicas, en las que se ha mostrado y con las que se ha identificado. Formas que ya no ocupa y formas que mantiene, porque es cierto que hay cosas, las más importantes, las esenciales del ser, que nunca cambian, que se mantienen y maduran, cuando uno sabe reconocerse sin corromperse y entiende que se debe lealtad, primero a sí mismo.

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